Diseño el proceso comercial con tus números adelante, lo construyo, y te lo dejo funcionando sin mí.
Ninguna recomendación sale sin el costo del proceso calculado. Si los números dicen que no conviene automatizar, te lo digo.
No entrego planes para que los ejecute otro. Si no lo puedo construir, no lo propongo.
Cuando el rango va de ocho a catorce, trabajamos sobre ocho.
Cuentas, datos, código y contenidos son de tu propiedad, con exportación garantizada en cualquier momento.
En la mayoría de los negocios chicos, la confianza que hace comprar al cliente vive dentro de una persona. El dueño explica bien el producto, responde las dudas difíciles y cierra.
Eso funciona, y funciona bastante bien, hasta que se convierte en el techo.
Un sistema comercial escala cuando esa confianza está guardada en activos que trabajan a cualquier hora, con todos los clientes a la vez, sin que nadie tenga que estar presente.
Cinco piezas. No todas hacen falta en todos los negocios — cuál se instala y en qué orden lo decide el diagnóstico.
Que el cliente no tenga que preguntar lo que podría estar escrito.
Responde a cualquier hora, averigua lo que hace falta, no inventa.
El que consultó y no volvió recibe un recontacto.
Coordina y confirma la reunión o la visita.
Cada consulta queda anotada con lo que la persona contó.
No es un diseño en papel. Construí el sistema comercial completo de una empresa de software: el sitio con su posicionamiento, la atención automática de las consultas, el seguimiento de los que no volvieron, el agendamiento de reuniones y el CRM a medida donde el equipo trabajaba. Estuvo en producción dos meses atendiendo consultas reales todos los días, diseñado para que nadie tuviera que estar mirando.
No doy el nombre. No es mío para mostrarlo — y es el mismo criterio con el que voy a hablar del tuyo.
Pedí el diagnóstico y hablamos por WhatsApp.